El glaseado de frambuesa es una de esas preparaciones que, además de aportar un color vibrante y un sabor fresco, eleva cualquier postre gracias a su textura lisa y brillante. Su función va más allá de lo estético: protege la superficie del producto, mantiene la humedad y proporciona una experiencia visual irresistible.
En esta receta, el protagonista técnico es la Pectina Fruit NH, un agente gelificante de origen natural obtenido de frutas. A diferencia de otras pectinas, la Pectina Fruit NH es reversible al calor, lo que significa que puede volver a fundirse y aplicarse nuevamente sin perder sus propiedades. Esta característica la convierte en la elección ideal para glaseados vertidos, que deben mantener un equilibrio entre fluidez y firmeza.
El funcionamiento de la pectina depende de varios factores clave, entre ellos la presencia de azúcar, el contenido de sólidos y el pH. En elaboraciones como esta, controlar el pH es esencial: un nivel ligeramente ácido (entre 3.1 y 3.5) permite que la pectina forme una red estable, logrando ese brillo sedoso y una textura suave pero consistente. Si el pH no se ajusta correctamente, el glaseado puede quedar demasiado líquido o, por el contrario, demasiado gelificado.
El resultado final es un glaseado de frambuesa intenso de sabor, con una textura aterciopelada que envuelve postres, tartas o semifríos con un acabado profesional.
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